Ailén superó una displasia uterina diagnosticada hace 10 años, junto con dolores intensos, quistes ováricos, pérdidas de líquido en las mamas y cambios de humor extremos causados por medicación hormonal.
Los síntomas le impedían caminar, dormir y llevar una vida normal como deportista, con pérdidas menstruales prolongadas y hostigamiento mental por los tratamientos.
Tras unirse a la Iglesia Universal y usar el agua viva en un propósito de fe, determinando que Dios se llevaría la enfermedad, mejoró rápidamente: eliminó dolores, quistes y medicación hace ocho meses.
Hoy vive sin secuelas, duerme bien y mantiene estabilidad emocional, atribuyendo el milagro total al uso de la fe con el agua.