El ejército israelí bombardea suburbios del sur de Beirut, bastión de Hezbollah conocido como Dahye, con ataques día y noche que dejan devastación, olor a pólvora y carreteras destruidas, pese a órdenes de evacuación masiva.
Muchos residentes resisten abandonar sus hogares: algunos regresan diariamente por pertenencias, otros carecen de dinero o lugar para ir, prefiriendo morir con dignidad. Familias con niños se asustan con disparos, mientras talleres y tiendas permanecen abiertos.
Casi 700.000 libaneses han huido de sus hogares por la escalada, generando una crisis humanitaria con cientos de muertos. El gobierno habilita refugios de emergencia ante la oleada de desplazados que vuelven a moverse.