Más de medio millón de libaneses han abandonado sus hogares por los bombardeos israelíes en el sur de Beirut y Líbano, generando una crisis humanitaria con refugios saturados como el Estadio Kamil Shamoun y familias durmiendo en la calle o en coches.
Familias desplazadas relatan su drama: llegaron sin nada, pasaron noches a la intemperie bajo puentes o en paseos marítimos, con niños asustados y sin futuro. Algunos regresan a zonas bombardeadas por falta de dinero o apego, prefiriendo morir con dignidad en sus casas.
En el lado israelí, residentes fronterizos resisten evacuaciones a diferencia de 2023, quedándose en kibbutzim pese a sirenas y misiles de Hezbollah. Usan refugios subterráneos o parkings de centros comerciales en Haifa como campamentos improvisados, ante refugios insuficientes.
En Haifa, decenas viven en sótanos de parkings por falta de refugios accesibles, especialmente en barrios palestinos con uno solo para 9.000 personas. El estrés, miedo e incertidumbre laboral marcan la vida diaria mientras la guerra se prolonga sin fecha.