Los ataques israelíes en Líbano provocaron 773 muertos, incluidos 103 niños, y cerca de 2.000 heridos, junto con 900.000 desplazados en un país azotado por crisis previas desde el ataque de Hamás a Israel el 8 de octubre hace dos años. El corresponsal argentino Santiago Montaj reportó en vivo desde Beirut sobre el caos humanitario, con bombardeos a infraestructura civil y bases de cascos azules de la ONU.
Durante la entrevista, la policía libanesa interrumpió la transmisión exigiendo explicaciones al periodista por transmitir en la calle, ante el tráfico caótico causado por los desplazados que circulan sin destino, algunos regresando a sus casas en el sur pese al riesgo de bombardeos en bastiones de Hezbollah como Dahiyeh.
Los conductores destacaron el horror generalizado en la región, con propaganda activada por todos los bandos para aparentar normalidad, mientras Hezbollah declara guerra a Israel desde el sur libanés. Mencionaron ataques de lobos solitarios, como una bomba en una escuela judía en Ámsterdam sin víctimas pero con daños, y preocupación por el antisemitismo radicalizado.
El canal expresó inquietud por la suerte de Montaj, ya que perdieron contacto tras la interrupción policial, en medio de tensiones donde periodistas enfrentan interrogatorios constantes en Líbano, Irán e Israel. Anunciaron intentos de reconectar con él y testimonios desde Irán sobre la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán.
Reflexionaron sobre la incertidumbre global, con declaraciones contradictorias de Donald Trump y posibles impactos económicos, mientras Argentina se involucra alineándose en el conflicto.