La guerra entró en su tercera semana con bombardeos intensos en Teherán, donde residentes viven con miedo constante y abrazan fuerte a sus familias por temor a no volver. Comerciantes perdieron clientela durante el ramadán, unas 100.000 personas abandonaron la capital en los primeros dos días según Naciones Unidas, y más de 3 millones fueron desplazados en todo el país. A pesar de las dificultades para moverse y la crisis laboral, muchos intentan mantener la rutina diaria.
En Beirut, en el barrio Badaro cerca de zonas bombardeadas en suburbios del sur, bares y restaurantes permanecen abiertos pero con 50-60% de capacidad. Propietarios temen escalada pero insisten en trabajar y ser positivos mientras haya clientes.
Vecinos de Beirut intentan normalidad pese a guerra cercana entre Israel y Hezbollah. Algunos pasean o toman café, pero la sensación de fragilidad crece ante posibles ataques, recordando guerras pasadas sin paz duradera. Familias con niños pequeños resisten explosiones, afirmando que es su casa.
En Tel Aviv, un misil iraní impactó un edificio residencial causando graves daños pero sin víctimas fatales. Propietarios evalúan si reconstruir o demoler, con grietas, quemaduras y ventanas destruidas. A pocas calles, la gente busca normalidad evitando noticias, pero sirenas antiaéreas interrumpen, enviando a refugios como estacionamientos subterráneos.
Donald Trump anuncia posible fin de guerra pero planea ataques contra Irán, mientras el ministro de Defensa de Israel declara fase decisiva. Tel Aviv, principal blanco iraní, alterna alertas con intentos de vida cotidiana.