Santiago Montaga, argentino en Beirut, reportó casi un millón de desplazados en Líbano, equivalentes al 15% de la población, como si en Argentina fueran 6 a 8 millones de personas sin techo por ataques israelíes. La gente vive en carpas sin refugio, electricidad ni agua potable, con lluvia y bombardeos diarios que impiden dormir.
Israel envía advertencias con mapas de zonas a atacar, obligando evacuaciones masivas; los desplazados esperan alto el fuego para volver, pero muchos arriesgan vidas regresando por agua, que sale salada de canillas y debe comprarse mineral a precios disparados.
Montaga detalló especulación en hospedaje: habitaciones que costaban 10 dólares la noche ahora valen 25 dólares. Bares abiertos pero vacíos por miedo, angustia social y falta de dinero; precios suben desde inicio de guerra, complicando supervivencia en un país con escasez crónica de agua.