Verónica, argentina varada en el norte de Israel cerca de Haifa, relató la suspensión de sus vuelos con Ethiopian Airlines, reprogramados del 6 al 13 de marzo y ahora indefinidos por la guerra. Optó por esperar en lugar de arriesgar la ruta terrestre a Egipto.
Rechazó la opción de micros por el desierto hasta Eilat por miedo, prefiriendo aguardar la normalización de vuelos a Roma y luego Buenos Aires. Visitaba familia del marido cuando estalló el conflicto.
Describió la rutina bajo alertas: sirenas constantes obligan a refugiarse en bunkers dentro de la casa de suegros, con refugios por todas partes, incluso en supermercados. Su teléfono inteligente la avisa de sirenas inminentes.