Raúl Guillermo Rodríguez Castro, jefe de seguridad de Raúl Castro, emerge como figura central para negociar un acuerdo con Donald Trump que proteja a la élite castrista a cambio de apertura política en Cuba.
La isla enfrenta una crisis energética asfixiante tras la caída de Nicolás Maduro y el bloqueo venezolano, con cacerolazos en San Antonio de los Baños y La Habana, recordando las protestas de 2021 que terminaron con más de 5.000 arrestos. El pueblo agotado exige diálogo bilateral para aliviar escasez de combustible, medicinas y comida, rechazando invasiones pero pidiendo consenso con Estados Unidos.
Trump habla de un "friendly takeover" ante la falta de energía y dinero en Cuba, mientras el régimen evita confirmar contactos. Comerciantes y vecinos claman por entendimiento mutuo después de 66 años de sufrimiento, en un equilibrio precario sin aliados económicos.
La memoria del 11J persiste con trauma por represión estatal, y la falta de petróleo agrava la canasta básica, pese a culpar sanciones de EE.UU.