Las calles de Cuba resuenan nuevamente con cacerolazos por una crisis energética sin precedentes, agravada por la falta de petróleo tras la captura de Nicolás Maduro y la caída de aliados. En barrios como San Antonio, los residentes recuerdan el 11 de julio de 2021, cuando protestas masivas por escasez de comida y medicinas terminaron con represión policial que llevó a más de 5.000 presos.
Testimonios locales describen cómo la policía inicialmente contuvo las manifestaciones pero luego desplegó fuerzas con boinas que reprimieron brutalmente al pueblo. El trauma persiste y frena nuevas protestas callejeras, aunque la frustración crece por la falta de liquidez y abastecimiento que el gobierno culpa a sanciones estadounidenses.
Expertos señalan que el régimen cubano debe buscar salidas legales e internacionales, mientras Donald Trump negocia una posible toma de control amistosa. El pueblo cubano mantiene una resistencia heroica en un equilibrio precario, con protestas de baja intensidad que cesan al volver la luz.
La isla enfrenta un futuro incierto entre negociaciones en la sombra y control estatal, sin punto de retorno aparente.