La capacidad instalada de la industria argentina cayó al 53,6% en enero, el peor registro desde 2002 y peor que en pandemia, según el INDEC. Los sectores más afectados incluyen metalmecánica con 31,4%, automotriz con 24% y textil, reflejando la crisis profunda en las pymes.
En Villa Lugano, Ivana, madre sola de cuatro hijos, cierra su local de ropa artística que abrió en 2012 porque facturó solo 25 mil pesos en tres semanas, insuficiente para pagar alquiler, AFIP ni servicios. Culpa a las importaciones baratas, como remeras a 2.500 pesos al por mayor, imposibles de competir con producción nacional que cuesta al menos 10.000 pesos. La fábrica textil del local superior despidió personal.
Ivana rechaza vender importados para defender lo nacional y lamenta no poder mantener a su familia ni pagar estudios de su hija, recurriendo a deudas con tarjetas y créditos. En el estudio, conductores expresan empatía por su "sueño roto" y el combo de bajos ingresos con altos costos fijos.
La emblemática Topper despidió 300 operarios en dos años en su fábrica de Tucumán, ahora bajo capital brasileño; redujeron horas y sábados, dejando salarios en 700.000 pesos, apenas por sobre la canasta básica de indigencia de 644.000 pesos.
Lumilagro, con más de 80 años en Argentina, deja de producir termos y pasa a importar botellas de vidrio desde China e India, generando más despidos para reconvertirse.