Dios hace más que vencedores a los creyentes mediante su amor incondicional, nada los separa de Él. El predicador enfatiza Romanos 8, donde se afirma que ni angustia, tribulación, persecución, hambre, peligro ni espada separan del amor de Cristo, y anima a no desanimarse ante fallos o problemas porque siempre hay nueva oportunidad.
La fe mueve montañas y suplanta carencias: basta pedir creyendo para recibir, incluso sabiduría para decisiones, como enseña Santiago. El orante debe declararlo en voz alta pese a dudas internas, poniéndose en 'modo fe' confiando en el carácter fiel de Dios hasta la muerte.
La acción de gracias es estilo de vida: orar sin angustia, con gratitud por lo logrado y lo esperado, purificando el corazón. Siguiendo Filipenses 3, se olvida selectivamente lo negativo del pasado (frustraciones, enojos) pero se atesoran las bendiciones de Dios, extendiéndose en fe hacia lo adelante como estirar la mano para capturar promesas futuras.
Esta gratitud anticipada potencia la oración, llenando el corazón de sustancia espiritual y liberando milagros. El predicador ilustra físicamente extendiendo manos en la congregación para visualizar captura de bendiciones del nuevo año.