Los creyentes deben olvidar fracasos pasados y extenderse con fe hacia las bendiciones futuras que Dios preparó. El predicador cita Romanos 8 y Filipenses 3 para afirmar que nada separa del amor de Dios, ni angustia ni persecución, y que la fe mueve montañas supliendo toda carencia si se pide creyendo.
Para activar gratitud, recomienda dos listas: una con milagros ya recibidos de Dios y otra con peticiones futuras confiando en su fidelidad. El orante tacha las cumplidas poniendo fecha, genera lágrimas de emoción y fortalece la oración con acción de gracias.
La gratitud es una sustancia espiritual que desecha amargura y enojo, llenando el corazón. Extendiendo mente y visión adelante, se capturan tesoros divinos, declarando fe en lo invisible con convicción absoluta.
Así, la oración se vuelve poderosa al entrar en modo fe y gratitud, trayendo milagros porque Dios hace más que vencedores a quienes le creen.