La panadería Nueva de San Telmo vende el kilo de pan miñón a 4.000 pesos cuando el costo real es de 5.000 pesos para no perder clientes, reveló Marcela, la dueña, en entrevista con Nacho Damonte. El consumo cayó un 50% desde julio-agosto del año pasado y no remonta, obligándolos a sobrevivir con márgenes mínimos.
La gente pide pan viejo o sobras diariamente, con un desfile constante de necesitados en la puerta, donde un cartel avisa cuando ya no queda nada. Marcela confirma que recién llegaron tres personas solicitando restos, ya que venden productos frescos y artesanales que no duran al día siguiente.
Los costos fijos asfixian el negocio: alquiler de 2 millones de pesos, luz de 1,5 millones, gas de 600.000, agua de 500.000, sumando más de 4 millones solo en servicios, más ABL y empleados. Tienen deudas atrasadas en alquiler y meses sin poder pagar sueldos completos, recurriendo a créditos para no cerrar.
Otros productos como facturas se venden a 3.000 la docena cuando deberían costar 15.000, masitas secas a 6.000 el kilo versus 40-45.000 reales, y sandwiches de miga entre 2.300 y 3.000. La materia grasa subió a 80-90.000 por caja de 20 kilos. Diversifican con pastelería y comidas para subsistir.
Robertito Funes destacó la buena onda de Marcela y conectó con testimonios de jubilados en pobreza extrema, como Norma Soba de Córdoba. Un mensaje de Santa Fe indica pan a 2.000-2.500 pesos allí, pero con diferencias en ganancias.