En un pueblo destruido de Tucumán, las inundaciones alcanzaron dos metros de altura, dejando 15.000 evacuados y calles convertidas en lodazales con pertenencias de familias arrastradas por el agua, como muletas y objetos personales que ahora yacen abandonados al caer la noche.
El reportero Carlitos Estrioli entra en vivo a la casa de Víctor, un jubilado ferroviario, quien muestra la devastación total: perdió heladera, freezer, cama de su nieta, televisor y celular. Víctor duerme ahora en una reposera en la puerta de su casa junto a su perra, temiendo una nueva creciente del río a solo cuatro kilómetros, mientras sus nietos están evacuados en otro pueblo.
Víctor culpa la falta total de obras de defensa contra inundaciones por parte de los políticos, afirmando que el pueblo se inunda siempre con lluvias fuertes porque nadie hizo nada en años. El pueblo chico de unas diez cuadras por cinco se transforma en navegable con lanchas, dejando vehículos abandonados.
Menciona al delegado comunal de apellido Chanta, en tono irónico por la gestión nula. Víctor durmió cinco días en un colectivo familiar por ayuda privada, destacando la solidaridad tucumana ante la ausencia estatal. El conductor Gonzalo propone ayuda: Víctor da su alias para donaciones populares y agradece la posibilidad de reconstruir con contribuciones de 5.000 o 10.000 pesos.