Santiago Montag, corresponsal en Beirut, describe un sábado relativamente tranquilo tras días de intensos bombardeos israelíes contra zonas de Hezbolá en el sur de Líbano, incluyendo Dahiyeh y suburbios cristianos y armenios. Reporta ataques a cascos azules de la ONU y un centro de salud en Nabatiyeh que mataron a 12 trabajadores sanitarios. Hay alrededor de 800.000 desplazados internos y casi 1.000 muertos, con gente sin refugios adecuados que enfrenta frío nocturno y muere en sus casas bajo ataques.
El Estado libanés intenta ayudar junto a organizaciones políticas, pero no hay un sistema de contingencia para tantos desplazados. Israel emite alertas diarias de evacuación que desplazan a 500.000 personas de áreas como Tyre, generando éxodos masivos hacia refugios improvisados como carpas, universidades y estadios. Voluntarios y ONG reparten comida en las calles de Beirut.
Montag relata su primera experiencia en Beirut durante estos ataques, con caos en evacuaciones pese a mapas delimitados, ya que Israel bombardeó zonas fuera del perímetro, como áreas cristianas donde murió un sacerdote. En lo social, Líbano con sus 18 comunidades religiosas muestra divisiones: algunos culpan a Hezbolá por iniciar el conflicto, mientras otros dicen que Israel rompió el alto al fuego 15.000 veces; nadie apoya abiertamente ataques a Israel.
El cierre del Estrecho de Ormuz genera escasez inmediata de combustible en Líbano y Siria, donde el gas subió hasta 10 veces su precio con colas inmensas. Las noches son tensas con bombardeos diarios desde hace dos semanas, impidiendo dormir, gente llorando en calles y atmósfera de desconfianza hacia extranjeros. La costa de Beirut, antes zona de ocio, ahora alberga desplazados y cambió por completo la vida cotidiana.