Carlos Rukov afirma que la dictadura cubana de 67 años se derrumba por protestas callejeras contra apagones, con negociaciones secretas del Departamento de Estado con el nieto de Raúl Castro y la CIA con su hijo el Tuerto. Describe a los Castro como monstruos responsables de torturas, muertes y exilios masivos, y celebra que Díaz-Canel permita entrar al FBI.
Rukov detalla que Raúl Castro, nonagenario millonario en una Cuba de miseria, envía a su nieto en silla de ruedas a negociar, mientras su hijo, apodado Tuerto por un incidente en un bar, habla con la CIA. Insiste en que el bloqueo real es del régimen, no de Estados Unidos, que vende alimentos y medicinas.
Tito respalda que la presión de Estados Unidos y democracias arrincona al régimen resiliente, rechazando el chantaje de que el pueblo sufre por el embargo: el régimen usa al pueblo como escudo. Vincula la caída de Cuba con la de Nicaragua y el deterioro de Maduro en EE.UU., criticado por Cristina Fernández de Kirchner.
Rukov celebra que el pueblo cubano marcha en las calles, quemando sedes del Partido Comunista, y urge apretar a los tiranos para acabar con 67 años de secuestro.