Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos y líder del Cártel de Juárez, huyó a Argentina en los 90 para lavar dinero y evadir la justicia mexicana. Se instaló en Mar del Plata con su familia bajo la identidad falsa de Francisco Mora Guerrero, compró un departamento en Avenida Alvear en Buenos Aires, una estancia de dos mil hectáreas cerca de la costa bonaerense y un campo de cien a ciento cincuenta hectáreas en Sierra de los Padres, además de una casa en el barrio Los Troncos. Inscribió a sus hijos en un colegio local y trajo obras de arte como un Cristo tallado en madera.
En esa época de los 90, lavar dinero en Argentina era más fácil debido a la legislación laxa, sin necesidad de querellante ni investigaciones intensas como hoy, que incluyen cooperación internacional. Los narcos mexicanos enviaban dólares ocultos en electrodomésticos, camas de masaje, empanadas y otros productos hacia Argentina y Colombia. Carrillo Fuentes dejó propiedades que luego fueron rematadas por la Corte Suprema, como el departamento vendido recientemente por seiscientos mil dólares.
La familia regresó tras su muerte sospechosa en 1997, once meses después de huir de Argentina, y reclamó bienes que algunos lograron vender. Su muerte en una cirugía plástica en México generó teorías conspirativas porque el médico, anestesista, enfermero y dueño de la clínica aparecieron asesinados de forma brutal, como uno en un tacho de cemento, sugiriendo que fingió su muerte o que lo asesinaron intencionalmente. Su fortuna se estimaba entre diez mil y veinte mil millones de dólares.
La historia abrió juicios en Mar del Plata por lavado, incluyendo la casa de cambio Jovinazo, y reveló conexiones con banqueros y financiamiento de campañas políticas en los 90. Posteriormente, el narcotráfico mexicano en Argentina pasó de cocaína a efedrina en los 2000: laboratorios importaban efedrina de China e India, pese a límites legales de cien kilos para medicamentos, para enviar veinte mil kilos a México y producir metanfetamina, prohibida allá pero libre acá. En 2007, cayó un laboratorio improvisado en Madariaga con mexicanos, garrafas y explosiones.