Amado Carrillo Fuentes, conocido como el Señor de los Cielos y líder del Cártel de Juárez, instaló a su familia en Argentina en los años 90 bajo la identidad falsa de Francisco Mora Guerrero para lavar dinero del narcotráfico. Compró propiedades como un departamento en Avenida Alvear de Buenos Aires, una estancia de dos mil hectáreas cerca de la costa bonaerense, un campo de cien a ciento cincuenta hectáreas en Sierra de los Padres y una casa en Mar del Plata.
En los 2000, el narcotráfico mexicano en Argentina pasó de la cocaína a la efedrina, importada masivamente desde China e India para producir metanfetamina en México, donde estaba prohibida. Laboratorios locales importaban miles de kilos, superando con creces las necesidades médicas legales, y enviaban el producto a México disfrazado en botellas de vino o cargamentos de azúcar.
Un laboratorio clandestino en Madswick explotó en 2007, alertando a la policía, y se descubrió producción ilegal por mexicanos. Poco después estalló el escándalo con el triple crimen de General Rodríguez: Sebastián Forza, Leopoldo Ferrán y otro farmacéutico fueron asesinados por vender efedrina a narcos mexicanos, y un empleado se suicidó arrojándose de un edificio.
Juan Jesús Martínez Espinosa, químico mexicano de León, Guanajuato, fue el cerebro: producía metanfetamina en quintas de Pilar y Madswick, alquiladas a prestanombres. Envió cargamentos ocultos, como 600 kilos de efedrina en 12.000 kilos de azúcar desde Barracas. Detenido en Paraguay tras 12 años preso en Argentina, negó vínculos en entrevistas, alegando negocios legítimos de vinos y cosméticos, y se desligó del triple crimen aunque admitió conocer a Forza.