Los vecinos de La Madrid enfrentan la quinta inundación en años recientes, lavando desesperadamente sus pertenencias cubiertas de barro y lodo en casas donde el agua llegó hasta dos metros de altura. El agua rompió ventanas y puertas, dejando un olor insoportable y humedad que amenaza con enfermedades respiratorias.
En una recorrida por las viviendas, los reporteros muestran cómo los residentes subieron lo poco que pudieron a los techos, pero perdieron heladeras, sillones, camas y todo lo esencial. Algunos prepararon sobretechos desde la inundación de 2017, anticipando que el desastre se repetiría, pero la bronca crece por la falta de obras de infraestructura para canalizar ríos y evitar estas crecidas cíclicas cada 10 o 12 años.
La gente vive en un campamento sobre la ruta principal, sin luz, agua ni cloacas funcionales, con napas desbordadas y riesgo de robos que obliga a vigilar las casas vacías. Un vecino de 60 años relata haber perdido todo cinco veces, mientras una docente cobra apenas 930.000 pesos mensuales para reconstruir desde cero.
La ayuda se limita a escobillones, lavandina y alimentos no perecederos, pero los damnificados exigen reconstrucción de viviendas y obras de fondo, cuestionando si los funcionarios verán esta realidad para distribuir mejor los fondos y prevenir futuras tragedias.