Patricio Poplacki, empresario argentino radicado en Dubái, mostró en vivo el edificio azul impactado por un misil iraní anoche en Creek Harbor, cerca del Burj Khalifa. El daño fue menor en uno de los pisos, sin evacuación ni heridos, y los vecinos continuaron en sus hogares.
En medio de la guerra de 14 días entre Irán, Israel y Estados Unidos, Dubái vive con tranquilidad pese a ser el país más atacado, más que Israel o los del Golfo. Los malls, restaurantes y actividades cotidianas permanecen abiertos, manteniendo el equilibrio para la salud mental. Ante alertas de misiles, los celulares avisan ir a habitaciones seguras sin ventanas o a parkings como refugios, ya que los restos de misiles y drones son el mayor peligro. Emiratos intercepta casi el 100% de los ataques.
Poplacki, con cinco años en Dubái con su familia, destacó la primera vez en 50 años que el país sufre terrorismo internacional dirigido a civiles. Los ataques iraníes buscan presionar a Estados Unidos, pero generaron unidad nacional en un país de 200 nacionalidades y 90% extranjeros. La gente hace compras normales sin acaparamiento, pide delivery y se siente segura gracias a la gestión gubernamental.
Las autoridades emiten comunicados concretos vía canales oficiales, con indicaciones precisas sin toque de queda. Cambiaron la alarma ensordecedora por un sonido suave como de pajarito para evitar psicosis y cortisol. Gaby Astrovsky, desde Tel Aviv, comparó con Israel, donde ahora se personaliza el sonido de sirenas en apps para alertas tempranas.
Expertos analizan que Irán ataca Dubái, firmante de Acuerdos de Abraham con bases estadounidenses, para presionar en negociaciones sobre uranio enriquecido y capacidad nuclear iraní. Panel vincula atentados en Virginia y Michigan a lobos solitarios inspirados por propaganda terrorista en redes.