Desde una carnicería porteña, el dueño Pablo confirmó que el pollo pasó de costar entre 45.000 y 50.000 pesos el cajón en febrero a precios más altos, superando el 50% de aumento, aunque en marzo se estabilizó sin subas significativas. La suprema fresca se vende a 46.000 pesos los 5 kilos y pata muslo a 32.000 pesos los 10 kilos en efectivo, siendo los más demandados por familias que se reparten las compras.
El cerdo subió solo un 7-8%, con bondiola a 8.800 pesos el kilo y costillita económica, rindiendo más que la carne vacuna que promedia 17.000-20.000 pesos el kilo tras un aumento del 15-16% en lugar del 20% esperado. Las ventas caen de lunes a jueves, mejoran fines de semana, en un contexto de inflación que obliga a ajustes constantes.
Ya en dos meses se acumula 5,8% contra el 10,1% proyectado en el Presupuesto 2026 del Presidente, complicando la situación económica con precios por las nubes.