Las inundaciones en el pueblo de Madrid, Tucumán, alcanzaron dos metros de profundidad, anegando la plaza central, comercios como panaderías y talleres mecánicos, y obligando a los vecinos a refugiarse en los techos de sus casas por temor a saqueos como los ocurridos en 2017 y 2019. Pescadores locales como Pablo Toscano navegan en lanchas por las calles convertidas en ríos, mostrando postes caídos, animales abandonados y una correntada impresionante que arrastra todo a su paso.
Los habitantes gritan desde los techos exigiendo la presencia de políticos, recordando cómo en inundaciones anteriores José Alperovich y su mujer, identificada como Roger Alperovich, se burlaron de las víctimas. La ruta 157 permanece cortada en dos puntos para drenar el agua hacia Termas de Río Hondo, mientras el dique Escava abrió sus compuertas al trabajar a nivel máximo, agravando la crecida pese a las sirenas de alerta.
En vivo, el equipo rescata un perrito varado sobre una puerta flotante, y Pablo Toscano arriesga su lancha en corrientes desconocidas para entregar víveres y asistir a familias. El agua bajó ligeramente por las roturas en la ruta, pero llueve constante bajo un cielo tapado, con pronóstico de más precipitaciones toda la semana que extenderá la tragedia.
Los vecinos necesitan urgentemente agua potable, productos de limpieza, ropa seca, frazadas y colchones; algunos duermen en piletas de lona sobre cemento mojado. Existe un centro de operaciones a dos kilómetros, pero la desolación es total y solo civiles como Pablo colaboran ante la ausencia de fuerzas de seguridad masiva.