La palabra de Dios indica que todo tiene su tiempo, como la rueda de Eclesiastes, y ahora llega un tiempo nuevo que puede causar comezón.
Este es el tiempo de los candeleros, no forjados dentro de la iglesia sino afuera, a golpe de martillo por la vida misma desde pequeños hasta que el Señor llamó.
Los pastores caminan las calles y ven la necesidad real, por eso no deben callar y entender que Dios da una nueva oportunidad a quienes la necesitan.