Israel y Estados Unidos confirmaron la eliminación quirúrgica de altos mandos iraníes, incluyendo al general Yush Soleimani, comandante de la base aérea en Tabriz; Agaf Ghaffari, viceministro de inteligencia; e Ismail Degan, comandante aeroespacial de la Guardia Revolucionaria. Estos ataques precisos a búnkeres residenciales demuestran una estrategia focalizada en líderes militares, mientras Irán resiste tras 13 días de bombardeos intensos de los dos ejércitos más poderosos del mundo.
La Armada de Estados Unidos admitió no estar lista para escoltar petroleros por el Estrecho de Hormuz, minado y angosto, contradiciendo promesas de Donald Trump y exponiendo riesgos de ataques iraníes con lanchas, misiles o minas submarinas. Este anuncio acelera la suba del petróleo y genera temor en países del Golfo, con bancos como Citi y HPC retirando personal, aerolíneas suspendiendo vuelos y ataques de drones impactando edificios en Dubái.
Mohtava Khamenei, nuevo líder supremo tras la muerte de su padre, emitirá pronto su primera declaración por televisión estatal, posiblemente pregrabada, abordando la pérdida y dando órdenes. Mientras, Benjamin Netanyahu gana popularidad en encuestas israelíes, fortalecido por la guerra, y Emmanuel Macron posiciona a Francia como potencia nuclear europea, enviando el portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo en un gesto de liderazgo ante Rusia e Irán.
Panelistas debaten si estos golpes debilitan al régimen iraní, que reemplaza líderes rápidamente, o si Trump controla el plazo de cuatro a cinco semanas para su caída. Irán califica a Europa de cómplice y amenaza empresas tecnológicas, rompiendo la imagen próspera del Golfo en medio de una guerra mundial interconectada.