Tami, argentina radicada en Israel desde 2000, relata su experiencia como madre de mellizos combatientes en primera línea del ejército israelí, en unidades secretas posiblemente en la frontera con Líbano contra Hezbollah, financiado por Irán.
Sus hijos eligieron roles de combatientes pese a otras opciones, en servicio militar obligatorio de tres años para varones y dos para mujeres. Tami llegó a Israel durante la segunda Intifada, sin sistemas de defensa avanzados como la Cúpula de Hierro, solo con una máscara antigás. El contacto con ellos es esporádico, cada semana o 15 días, y uno le pidió no enviarle mensajes al entrar en combate para no distraerse.
Los mellizos nacieron en Argentina pero tienen estatus de israelíes nacidos en el exterior, por lo que el servicio es obligatorio. Tami crió a sus hijos con valores sionistas, enseñándoles el derecho de Israel a defenderse, inspirados en figuras como Ben Gurion y Golda Meir. Conoce a otros argentinos, conocidos como "soldados solitarios" o Jailín Bodedín, que vinieron solos a Israel y sirven en el ejército.
Viviendo a 40 minutos de Tel Aviv, Tami incorpora la guerra a la cotidianidad: suenan alarmas y van a refugios, pero siguen enamorándose, teniendo hijos y abriendo negocios. Afirma que la normalidad es una forma de resistencia contra el terror, que busca paralizarlos, y que cada paso atrás es una claudicación hacia el horror histórico. Ganar la guerra significa, para ella, sacarle las armas a Irán, que busca eliminar a Israel desde hace décadas, aunque el odio persista.
El 7 de octubre la encontró en Argentina, pero decidió volver porque es su tierra. Reconoce incursiones terrestres en Gaza, pero prefiere no saber detalles para mantener la tranquilidad. En la calle, percibe unidad en Israel frente a la guerra.