El pastor Cinalli predica que la incredulidad es el Belcebú, el príncipe de todos los pecados, porque encabeza la lista según Hebreos 3:12 y ofende directamente a Dios al rechazar intencionalmente su salvación gratuita.
Explica que la incredulidad fomenta otros pecados, como en Adán y Eva que no creyeron que morirían al comer el fruto prohibido, o los israelitas que por duda desobedecieron y no entraron a la Tierra Prometida en solo 11 días de viaje.
Agrega que incita a otros a pecar, como los diez espías que con su reporte negativo encendieron la incredulidad en tres millones de israelitas, anulando la fe de Josué y Caleb.
Afirma que nada enoja más a Dios que dudar de sus promesas, arruinando sus planes y siendo un pecado sutil en la iglesia.