Un misil iraní impactó en Beit Shemesh, zona ultraortodoxa cerca de Jerusalén, matando a nueve civiles el segundo día de la guerra. El corresponsal Nelson recorrió el cráter humeante, un auto destruido donde murió una persona, hierros retorcidos y un olor persistente a quemado mezclado con amoníaco o cloro de los combustibles del misil.
La sólida construcción de piedra resistió el impacto principal pero la onda expansiva voló techos, mosaicos, heladeras, colchones y estructuras de cemento. Quedaron paredes desnudas, parrillas intactas por milagro, césped sintético revuelto y juguetes de niños esparcidos, señal de familias jóvenes con hijos.
Gatos callejeros merodean como mascotas huérfanas de dueños fallecidos o evacuados. La zona, un retiro comunitario de buen nivel socioeconómico con valores arqueológicos cercanos, muestra destrucción masiva en estacionamientos y patios.
Nelson obtuvo permisos especiales para entrar tras pasar retenes y comparó la escala con esquirlas vistas en hospitales. Irán reiteró amenazas duras: el jefe de policía advirtió que "madres de enemigos del régimen prepárense a velar a sus hijos pronto, todos estarán muertos". La noche cae en 45 minutos sobre el sitio.
La cobertura en vivo desde el lugar clave del impacto destaca la virulencia del ataque contra un centro religioso judío.