Una de las siete jugadoras iraníes que pidieron asilo en Australia se arrepintió y reveló su ubicación al comunicarse con excompañeras, obligando a las autoridades australianas a trasladar rápidamente a las otras seis por seguridad, según confirmó el ministro del Interior Tony Burke.
Burke enfatizó que en Australia las personas pueden cambiar de opinión libremente y que se realizaron todas las preguntas pertinentes para verificar que la decisión fue voluntaria, sin presiones externas. Sin embargo, el panel especuló si la jugadora fue presionada por amenazas a su familia en Irán, como el riesgo de asesinato de su madre, en medio del corte total de internet en el país.
Juan Carlos Azarán, especialista en defensa e inteligencia, explicó los riesgos de estas operaciones cuando el protegido no colabora, ya que llamadas a familiares comprometen la seguridad de todos, incluyendo casas seguras y protección de familias. Destacó la complejidad logística y el peligro de represalias del régimen iraní.
El régimen de Irán podría presentar el regreso como un triunfo propagandístico, violando derechos humanos de las mujeres, mientras organizaciones como NetBlocks confirman que la conectividad en Irán cayó al 1%, aislando a la población y facilitando la guerra de información. Se mencionó un posteo de Donald Trump pidiendo asilo y declaraciones iraníes acusando lavado de cerebro a las jugadoras.
Las autoridades iraníes las tildaron de traidoras en tiempos de guerra, una de las peores acusaciones, agravado por la represión actual contra mujeres y el conflicto con Israel.