Griselda contó que desde niña mostraba señales extrañas ignoradas por su familia, como oír voces y ver objetos moverse, lo que le generó un miedo profundo desde los 11 o 12 años.
El temor la llevó a las adicciones: empezó con cigarrillos y alcohol a los 12, luego marihuana, cocaína y pastillas; se prostituyó por drogas, se sentía sucia y tuvo pensamientos suicidas tras un abuso sexual.
En medio del llanto tras el abuso, encendió la radio y oyó un testimonio similar en la programación de la Iglesia Universal; siguió las instrucciones del pastor, oró con un vaso de agua y sintió un cambio que la impulsó a ir a la iglesia un domingo.
Recibió paz, se bautizó en aguas para limpiar su suciedad espiritual, buscó el Espíritu Santo con ayunos y oraciones hasta obtenerlo, lo que la liberó de todos los vicios; hoy tiene familia feliz y considera ese el día más hermoso de su vida, por encima de su boda e hija.
El conductor y su esposa Antonella destacaron su transformación y llamaron a mujeres en situaciones similares a unirse en Berazategui o eventos como el del 3 de abril con aceite de luz.