Los habitantes de Tel Aviv combinan refugios en parkings subterráneos con una rutina casi normal pese a las amenazas constantes de misiles iraníes, reportó el corresponsal Gabriel Astrosky en vivo desde una zona hipercéntrica con teatros, bares y restaurantes similar a Palermo Soho.
Hace poco más de una hora sonaron sirenas antiaéreas, pero el tránsito público opera con frecuencia reducida aunque no festiva, y la gente camina y trabaja en oficinas equipadas con lugares seguros según directivas del Comando de Defensa Civil. Un joven en servicio militar consultado afirmó que todo transcurre normal, aunque personas mayores muestran más tensión ante la guerra abierta.
Las escuelas y universidades permanecen cerradas con clases vía Zoom hasta fin de semana, cuando se decidirá si reanudan la presencialidad. Israel no depende del Estrecho de Ormuz para petróleo, que llega de Europa y posiblemente Arabia Saudita, y cuenta con gas propio en el Mediterráneo, manteniendo precios de naftas estables por 6 o 7 meses sin aumentos pese al conflicto.
Astrosky caminó por la calle Rochil, llena de bares y kioscos, notando menos jóvenes en bicicletas o monopatines que en días normales, pero con movimiento residencial y comercial sostenido.