Dos amigas, Guillermina Racelli y María Cabrera, se convirtieron en las mamás adoptivas de Alma después de cuidarla durante tres años como parte de un programa de familia solidaria. Ellas no son pareja ni están casadas, sino compañeras de trabajo que se hicieron amigas y decidieron compartir la maternidad de manera inesperada.
La historia comenzó cuando María se anotó para recibir temporalmente a una nena con discapacidad, y Guillermina actuó como testigo. Sin embargo, les ofrecieron cuidar a Alma, una bebé de un año y tres meses que no comía y necesitaba cariño. Alma las eligió rápidamente, llamándolas "mamá" a ambas, y el arreglo temporal se extendió mucho más allá de los tres meses previstos.
Pasados tres años, cuando Alma entró en proceso de adoptabilidad, las amigas lucharon por retenerla ante una jueza. Alma firmó su deseo de ser Alma mía Cabrera Razzelli y la jueza aprobó la adopción, reconociendo la felicidad de la nena en ese hogar.
La dupla enfatizó que su vínculo es de amistad pura y que Alma las necesitaba frente a la vulnerabilidad de su familia biológica, marcada por problemas de salud mental. Esta historia única busca inspirar a quienes desistan de adoptar por no tener pareja.