Dos amigas, Guillermina Racelli y María Cabrera, se convirtieron en las mamás adoptivas de Alma después de cuidarla durante tres años como parte de un programa de familia solidaria. Ellas no son pareja ni están casadas, sino compañeras de trabajo que se hicieron amigas y decidieron compartir la maternidad de manera inesperada.
La historia comenzó cuando María se anotó para recibir temporalmente a una nena con discapacidad, y Guillermina actuó como testigo. Sin embargo, llegó la noticia de que Alma entraba en lista de adoptabilidad, lo que las desesperó porque la niña ya tenía una familia establecida con ellas. Angustiadas, pidieron que Alma se quedara, priorizando su bienestar emocional a pesar de no tener derechos formales.
La jueza las escuchó y entrevistó a Alma, quien firmó declarando que quería llamarse Alma Cabrera Racelli y confirmó que ellas eran su familia. La jueza las agradeció por priorizar la vida de la niña y por hacerla feliz. Hoy, Alma alterna entre las casas separadas de sus mamás, como padres divorciados, y las considera su familia elegida pese a las diferencias y comentarios de la gente que las tilda de locas.
Alma contó que ama a María por cocinar rico y ser divertida, y a Guillermina también. La familia amplió con parejas y otros hijos como Luma y Eva en camino, pero siguen eligiendo estar juntos todos los días. El conductor destacó cómo la jueza interpretó lo mejor para la criatura y cómo reescribieron la frase de que los amigos son la familia que uno elige.