Las damnificadas del derrumbe en Parque Patricio viven en hoteles precarios con vencimientos inminentes esta semana, agravados por el Lollapalooza que ocupa habitaciones, y denuncian total abandono estatal sin asistencia psicológica ni transporte escolar para sus hijos. Madres como Magalí, con niños de 2 y 4 años, y Micaela, con hijos de 8 y 4 años y una perra, relatan dificultades logísticas, falta de lavandería, comidas incompletas y colchones en el piso, mientras temen desalojos y duplicación de créditos UVA por inflación.
Teresa Alfaro, madre soltera de un hijo de 25 años con TEA y discapacidad mental equivalente a un niño de 6 años, describe el caos de la autoevacuación en la oscuridad, caídas del hijo bajo medicación, hipertensión de 211 y forcejeos para ingresar al edificio por ropa de cama, cubiertos, medicación psiquiátrica y anticonvulsivantes, pese a ser propietaria con llaves.
Las vecinas advierten riesgos inminentes de hundimiento total del edificio por falta de drenaje y excavadora que agrandó el cráter, ignorando denuncias previas al administrador sobre filtraciones mostradas en videos. Reunidas con el doctor Rodolfo Burlando y su equipo, exigen peritajes urgentes, pero critican contradicciones oficiales sobre apuntalamiento versus demolición.
Sin alivio real en hipotecas del Banco Hipotecario más allá de tres meses de postergación, y desorganización policial que impide accesos pese a planillas firmadas, claman por prioridad a vulnerables, combis gubernamentales para escuelas, contención psicológica y empatía de la fiscalía, que exige ADN para autorizar ingresos.
Teresa miente a su hijo sobre un "Snoopy grande" que pintan en el edificio para demorar su regreso, mientras malabarea comidas especiales por problemas de deglución y ropa no común, en una primera vivienda obtenida por la discapacidad del chico, ahora interrumpida brutalmente hace una semana.