Los vecinos desalojados tras el derrumbe en Buenos Aires enfrentaron tensión al derribar vallas e impedir el avance de una retroexcavadora por falta de información sobre los procedimientos legales confirmados por bomberos mediante relevamientos fotográficos y videos entregados a la fiscalía.
Muchos permanecen alojados en hoteles porteños sin fecha de retorno a sus hogares, quejándose por habitaciones inadecuadas para la vida cotidiana, como la falta de espacio para tareas escolares, clases online de profesores o frigobares para refrigerar leche de bebés.
Las familias sufren además la separación de mascotas, como un border collie grande dejado en Lanús, y padecen estrés postraumático tras presenciar lo que describen como una película de terror, con la certeza de que iban a morir esa noche.
Las visitas para recuperar pertenencias generan angustia extrema, con solo cinco o diez minutos por una persona a la vez para elegir lo esencial en medio de llanto y dificultad emocional, sin permitir dos personas simultáneamente por riesgo de derrumbe.
La situación alarmante continúa sin información certera sobre el retorno a las viviendas.