Los comercios de Avenida Puerredón y zonas aledañas como Castelli registran un movimiento desértico con solo 30 clientes por día, de los cuales la mitad compra, y venden prendas por debajo del costo ante la peor caída de ventas en 15 años. Matías Rezano recorre las calles y entrevista a dueños que cierran temprano por la falta de público, pese a precios accesibles como vestidos a 10.000 pesos que la gente considera caros por distorsión de precios.
Los comerciantes necesitan contratar vendedoras pero no pueden costear salarios de convenio alrededor de 1,2 a 1,3 millones de pesos más comisiones, ya que las ventas no lo permiten. La gente entra, mira pero no compra, obligando a descuentos y amabilidad extrema para cerrar alguna operación en locales de marcas reconocidas con precios estables hace un año, como buzos de 40.000 a 50.000 pesos en 100% algodón.
Ex empleados de Garbarino denuncian un vaciamiento tras la compra por Carlos Rosales, quien no pagó ni a proveedores ni trabajadores pese a ventas récord de 930 millones en marzo. Culpan a una mala gestión, presión sindical, auge de ventas online por pandemia y falta de ayuda del gobierno de Alberto Fernández, quien prometió preservar fuentes de trabajo en Casa Rosada pero solo duró un mes.
Llamadas de espectadores confirman la crisis: Rubén, con imprenta y albañilería, cobra 300.000 pesos por salones y 100.000 diarios como albañil pero no alcanza; una empleada doméstica gana 900.000 pesos por 10 horas diarias. Empresas como Latios Verónica pagan solo el 50% de sueldos por 60 días y adeudan meses, poniendo en riesgo 700 puestos.
En otro local de ropa y calzado, confirman el peor diciembre histórico, con 15 ingresos y 10 ventas diarias, pese a precio-calidad competitiva en la zona de Once.