La carne registró un aumento del 50% en los últimos dos meses, superando la inflación general del 5,7%, con una suba anual del 11,2% que cambia hábitos alimenticios en los hogares argentinos.
En carnicerías como la República de Matadero, la nalga cuesta 18.500 pesos el kilo, la bola de lomo y cuadrada para milanesa 16.000-17.000 pesos, mientras cortes populares como los de primeras semanas de marzo siguen escalando por escasez de hacienda gorda. Un asado para cuatro personas, con dos kilos de asado, chorizo y morcilla, sale 25.000 pesos, sin lujos extras.
Los jubilados ahora compran día a día, un churrasquito o patita, y el carnicero Diego ofrece libretita para fiar a clientes fieles como Doña Rosa o Don Antonio, algo que se había perdido. La gente dejó de encargar para asados familiares grandes y opta por cortes más baratos.
Los hábitos cambiaron: pollo y cerdo ganan terreno, con pata y muslo a 3.500 pesos el kilo, reemplazando carne cuatro días por semana. El vacío se sustituye por tapa de asado tierna si la carne es buena, y mollejas siguen caras a 22.000 pesos el kilo.