Leonardo Iparraguirre vivió una odisea en Dubái con su familia por alertas de misiles iraníes y cancelaciones masivas de vuelos durante el conflicto en Medio Oriente. El argentino, que viajaba con Emirates hacia Japón, recibió alarmas en su teléfono instándolo a buscar refugio cerca del Burj Khalifa, incluso sin registrar una SIM local gracias al acceso a redes emiratíes.
La ciudadanía local mostraba confianza ciega en el Emir y Alá, mientras turistas como él entraban en pánico; vio misiles y experimentó el caos en hoteles llenos de viajeros varados de todo el mundo.
Sus vuelos fueron cancelados sin aviso ni reembolso automático, obligándolo a depender de apps y rumores; una familia india fue rescatada, pero él asistió a una reunión inútil de la embajada argentina donde precios de alternativas como Omán o Egipto se disparaban.
Finalmente regresó en un vuelo custodiado por aviones de guerra, con el corazón en la boca por drones cercanos, aterrizando en Brasil donde todos aplaudieron; ahora valora más Argentina y destinos locales como Jujuy o Mar del Plata.
Refleja la fragilidad en un 'gran arenero' sin estados sólidos, deseando que los varados salgan pronto.