Israel enfrenta a Hezbollah en el sur de Beirut con ataques que causaron más de 700.000 desplazados, 500 muertos y destrucción masiva, incluyendo denuncias por uso de bombas de fósforo blanco prohibidas por la Convención de Ottawa. Hezbollah, movimiento chiita proxy de Irán vinculado al atentado a la AMIA, opera desde esos barrios.
Benjamín Netanyahu justificó las operaciones militares, pero el periodista aclaró que en Teherán hay manifestaciones a favor del régimen iraní pese a los bombardeos, lejos de un levantamiento popular deseado por Estados Unidos e Israel.
Esther Hailu, argentina que vive hace cuatro años en Beersheba al sur de Israel, relató en vivo cómo un misil impactó en una escuela infantil y primaria rodeada de edificios familiares, dañando su casa sin causar heridos gracias a la alarma de 12 minutos que les permitió refugiarse.
Hailu describió la rutina bajo alerta constante con refugios en cada edificio, aplicaciones que indican zonas seguras y anécdotas como esperar en shopping; ahora reside en un hotel municipal mientras repara vidrios rotos y habitaciones afectadas por la onda expansiva.
A pesar de la destrucción, Hailu se niega a abandonar Israel, al que considera su hogar como judía, y mantiene fe en la paz con los vecinos, comparando riesgos con inseguridad en Argentina.