En la Iglesia del Santo Sepulcro, emblemática en el barrio cristiano de Jerusalén construida en el siglo IV por el emperador Constantino, suenan sirenas antiaéreas hasta siete veces por día alertando posibles ataques.
El sonido impactante y aterrador obliga a evacuar el lugar histórico, dejándolo desierto mientras la gente busca refugios. El sistema de seguridad neutraliza algunos ataques, pero las alarmas persisten en caso de fallos.
La iglesia es de alto riesgo en el contexto de tensiones regionales.