El pastor de Iglesia de la Ciudad continúa detallando señales de mal uso del tiempo según la Biblia, instando a reflexionar sobre la muerte para priorizar lo eterno. Cita Eclesiastés para preferir casas de luto sobre banquetes, ya que los funerales hacen pensar en el final propio, a diferencia de fiestas que excluyen a Dios. Recuerda prácticas antiguas como velas sobre calaveras y visitas a cementerios en Capitán Bermúdez, Santa Fe, que enfocan en lo importante y alejan del pecado, la única vía al infierno.
Explica que meditar en la brevedad de la vida ayuda a apartarse de afectos terrenales y elegir lo mejor sobre lo bueno. Presenta la segunda señal: vivir para cosas terrenales, citando a Jesús en Mateo 6 para no acumular tesoros en la tierra sino en el cielo, donde carrera, poder, hijos o hobbies no comprometan la eternidad. Recuerda la fiesta de los Tabernáculos, donde Israel vivía en tiendas frágiles una semana al año para recordar la temporalidad.
Describe la vida como neblina efímera, hierba que se seca, flor que marchita, sombra pasajera o suspiro, según Santiago 4, Salmos y Job. Somos extranjeros y viajeros en este mundo, como Abraham, Elías, Enoch y David, con ojos en la Patria Celestial y no en deleites terrenales. Advierte contra aferrarse a esta vida por temor al infierno más que amor al cielo, y urge no seguir la corriente mundana ni olvidar estas verdades para glorificar a Dios y asegurar el destino eterno.
Critica cómo los corazones se enredan en comodidades terrenales, despertando deseos insaciables, y enfatiza que todo lo poseído es gracia de Dios solo para su gloria.