El apóstol Pablo, en Primera de Corintios 7:2, aconseja que cada hombre tenga su esposa y cada mujer su marido para evitar la inmoralidad sexual, especialmente para quienes no poseen el don de continencia. Pablo indica que es mejor casarse que arder en pasión si no pueden controlarse.
El predicador aclara que evitar el pecado no es la única razón para el matrimonio, rechazando la idea de verlo como un mal menor. Explica que Dios otorga dones distintos: a algunos para casarse y a otros para permanecer solteros y ser felices, citando 1 Corintios 7:7.
Critica la presión social para que todos se casen, afirmando que no es la voluntad de Dios universal. Destaca que Jesús fue completamente feliz y completo sin casarse ni tener intimidad sexual, y que Adán y Eva eran completos por sí solos antes de unirse.
El pastor defiende el celibato, señalando que no menoscaba la salud física y cuestiona a profesionales que lo critican, preguntando en qué universidad estudiaron.