El apóstol Pablo, en Primera de Corintios 7, afirma que Dios distribuye dones distintos: a unos para casarse y evitar la inmoralidad si carecen de continencia, y a otros para permanecer solteros y hallar felicidad en el celibato. Pablo rechaza presionar a todos al matrimonio, aclarando que no es la voluntad divina universal y que Jesús, el hombre más completo, vivió célibe sin faltarle nada.
El predicador critica duramente las visiones culturales y eclesiásticas que ven la soltería como maldición o incompleta, llamándolas un "evangelio aguado del diablo". Desmiente que el celibato dañe la salud física, insistiendo en que nadie se debilita por falta de sexo y que Adán y Eva eran completos antes del matrimonio.
Entre las ventajas de la soltería según Pablo, están estar libres de problemas matrimoniales, no resolver soledad ni tentaciones con el casamiento, y dedicarse plenamente a la obra del Señor sin distracciones familiares. Pablo prefiere el celibato para servir mejor, pero se somete a la voluntad de Dios para cada uno, sin superioridad entre estados.
Nadie está dotado para la inmoralidad: el casado debe ser fiel y el soltero célibe. Ambos estados son valiosos regalos divinos para los propósitos de Dios, y Pablo insta a aprovecharlos sin envidiar el otro lado, promoviendo la sumisión a la gracia recibida.