En Kabwe, Zambia, unas 200.000 personas sufren intoxicación crónica por plomo de una antigua mina, con niños mostrando déficits neurológicos irreversibles. La ONU califica la zona como una de las más contaminadas del mundo, donde el 95% de los niños cercanos tienen niveles altos en sangre. Casos como el de Elizabeth, de seis años, ilustran el drama: con 58 microgramos de plomo por decilitro en sangre (límite OMS de 5), sufre debilidad, tos, erupciones y problemas cognitivos.
Matías Díaz, ex trabajador de la mina, relata cómo Anglo American priorizó la producción sobre la seguridad, sin informar riesgos ni proveer protección. Tras la nacionalización y cierre, los obreros quedaron sin asistencia médica pese a chequeos que detectaban altos niveles de plomo. Un estudio de 2022 confirma niveles medios de hasta 60 microgramos por decilitro en la sangre local.
Simon Shimanga, minero artesanal desde 1988, padece síntomas recurrentes como pérdida de memoria y dolores, con un 88% de plomo en su cuerpo según pruebas recientes. Jane limpia obsesivamente su casa para evitar polvo contaminado, pero verduras, agua y aire siguen envenenados. Su hija y nietos sufren desde el embarazo, sin opciones seguras.
Los afectados exigen indemnizaciones en una demanda contra Anglo American, centrada en niños y mujeres fértiles, mientras el gobierno zambiano ignora el problema por temor a escrutinio internacional. Elizabeth juega pese a su debilidad, pero la familia sueña con mudarse a un lugar sin plomo.