En Kabwe, Zambia, unas 200.000 personas sufren intoxicación crónica por plomo de una antigua mina, con niños mostrando déficits neurológicos irreversibles. La ONU califica la zona como una de las más contaminadas del mundo, donde el 95% de los niños cercanos tienen niveles altos en sangre.
Casos como el de Elizabeth, de seis años, ilustran el drama: con 58 microgramos de plomo por decilitro en sangre (el límite OMS es 5), sufre debilidad, tos, erupciones y olvidos que impidieron su escolaridad. Su madre, Jane Alengo, oculta el diagnóstico real por vergüenza y vende rosquillas para medicinas escasas y caras.
La mina, abierta en 1904 por Rhodesia Broken Hill Company y nacionalizada en 1994, dejó vertederos abiertos contaminando suelo, agua y aire. Ex trabajador Matías Chattavancana relata vapores tóxicos, muertes prematuras de compañeros y falta de protección pese a conocimiento desde 1940.
Desde 2020, una demanda colectiva contra Anglo American busca indemnizaciones y saneamiento, acusándola de rol técnico clave hasta 1974. La empresa niega propiedad; el gobierno zambiano impulsó rehabilitación pero Human Rights Watch critica escasos avances.
Estudios de 2022 confirman niveles medios de 60 microgramos en zonas aledañas, afectando desarrollo de generaciones enteras sin ayuda adecuada.