Tami, madre sola de mellizos de 20 años combatientes en el ejército israelí, comparte su angustia y orgullo en una entrevista nocturna. Sus hijos, un varón comandante y una mujer, eligieron roles en el frente pese a opciones humanitarias o de inteligencia, en servicio militar obligatorio tras un año de preparación.
La familia enfrenta siete frentes abiertos desde hace dos años y medio, con rotaciones constantes. Tami firmó autorización para que fueran combatientes y confía en el ejército moral que los protege, permitiéndole dormir pese a la guerra. Su hijo le dijo que si todas las madres pensaran igual, nadie defendería al país.
Los mellizos consultan decisiones entre sí; la hija eligió combatir tras secuestros del 7 de octubre. Contacto es escaso, sin detalles por unidad secreta y riesgos como acusaciones de genocidio en otros países. Al volver de misiones, están felices, viendo su rol como supervivencia ante 2.000 millones de enemigos.
Tami critica desinformación en redes que afecta a soldados solitarios sin familia cerca, pidiendo medir impactos en familias reales detrás de las noticias.