Tami, psicóloga y madre sola en Israel, firmó para que sus hijos de 20 años sean combatientes en el ejército tras el ataque del 7 de octubre, eligiendo ellos el frente de batalla para defender al país pese a las opciones disponibles.
La mujer cuenta que sus hijos, una hija y un hijo mellizos, tienen contacto limitado: el varón desde una unidad secreta llama cada diez días con mensajes breves como 'todo bien', mientras la hija, ahora combatiente tras el secuestro de otras jóvenes, se comunica más seguido pero aún con restricciones por seguridad.
Durante la charla en vivo se activa una alarma antimisiles a las 10:30 de la noche local; Tami explica que su habitación segura no resiste ataques de Irán y prefiere refugios públicos o subterráneos antiguos, destacando la tensión cotidiana en el país.
Prohíbe revelar nombres o fotos de sus hijos por riesgo de que en otros países los tachen de genocidas y busquen arrestarlos, subrayando el orgullo maternal por 'amamantar héroes' en medio del conflicto.