Japón reactivó sus centrales nucleares 15 años después del terremoto, tsunami y desastre de Fukushima Daiichi en 2011, que dejó miles de víctimas y daños graves en reactores.
La decisión responde al encarecimiento del petróleo y la inestabilidad geopolítica, posicionando la energía atómica como pilar estratégico. Se destaca como energía limpia con uranio enriquecido al 3-4%. Francia nunca la abandonó, mientras Alemania la cerró por Fukushima.
La Tokyo Electric Power Company lidia aún con consecuencias, y reactivan plantas como Kashiwazaki-Kariwa. Para muchos japoneses, reabre heridas de la tragedia que afecta vidas y memoria colectiva.