Plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT de OpenAI y herramientas de Google ayudan al Pentágono a tomar decisiones bélicas en horas en lugar de semanas, automatizando la selección de objetivos militares desde drones hasta misiles. Emi Garzón presentó un informe que detalla cómo estas tecnologías, usadas cotidianamente por civiles, se aplican en guerras actuales prescindiendo de intervención humana directa.
Proyectos como Maven en 2017 con Google y el Pentágono, y Nimbus en 2021 con Google y Amazon para Israel, recolectaron datos para dirigir drones. Empresas como Anduril, dirigida por Palmer Luckey y financiada por Mark Zuckerberg, desarrollan drones autónomos y cascos de realidad virtual para soldados. Palantir colabora con ICE para deportaciones masivas usando IA en Immigration OS, mientras Anthropic y Amazon Web Services firman contratos por 200 millones de dólares con el gobierno de Estados Unidos, aunque ahora intentan retractarse.
OpenAI asume el rol principal al aceptar proveer servicios militares, argumentando defensa de la democracia, mientras todos los datos de interacciones civiles alimentan estos sistemas para etiquetar objetivos basados en tono de piel o comportamiento. Cámaras urbanas vulnerables permiten dirigir ataques, como detectado en Tel Aviv por iraníes, y ciberataques como Stuxnet en 2010 sabotearon centrifugadoras nucleares iraníes por EE.UU. e Israel.
El Pentágono busca alejar soldados de la guerra con ataques veloces y masivos, pero la precisión falla, como en bombardeos que matan niños inocentes. Rusia y China también avanzan en estas tecnologías, expandiendo la guerra a ciberataques que afectan servidores como los de Amazon o cables submarinos.