Las bombas de fragmentación o racimo usadas por Irán causan daños 100 veces mayores que las convencionales, prohibidas por convenciones internacionales a las que Irán no adhiere, aumentando efectos colaterales sobre civiles.
Estas bombas provocan amputaciones con bolitas de acero tipo metralla que rompen huesos y se fragmentan, originadas en la guerra de Vietnam con napalm y fragmentación.
Israel cuestionó formalmente su uso, pero Irán ignora reclamos al no firmar tratados. Esto explica el impacto explosivo en la población.