Un vuelo con 140 pasajeros fue desviado en Estados Unidos por una amenaza de bomba terrorista, generando un espectacular operativo del FBI que resultó en falsa alarma.
Personal del FBI revisó a cada pasajero con las manos arriba en un aterrizaje de emergencia, sin encontrar explosivos ni detenidos. Los viajeros eran personas comunes en una ruta rutinaria.
El incidente se vincula a la guerra en Medio Oriente como posible guerra psicológica de grupos terroristas para entorpecer el transporte aéreo estadounidense, siendo el primer caso tras el conflicto.